Los Riesgos del “Ibu-change”

Por Juan Pablo Sanguinetti

¿Cuándo fue la última vez que tomaste una pastilla de Ibuprofeno?

El Ibuprofeno puede ser una muy buena alternativa para solucionar un malestar pasajero. Un dolor de cabeza, una inflamación muscular. Rápido en su acción, accesible en disponibilidad y precio y fácil de tomar. Sin embargo, puede tener efectos paradojales cuando se trata de abordar una situación más compleja; puede ocultar los síntomas y así dificultar un diagnóstico preciso y, como consecuencia, cómo encarar un tratamiento.

Hace un tiempo conversábamos con Fran Chuan –un referente en estos temas- como en algunas organizaciones sucede algo similar respecto a los procesos de Cambio e Innovación: buscan una solución rápida, accesible, fácil de implementar y que genera una sensación de bienestar casi de inmediato. No resuelve los temas de fondo pero brinda calma y genera la sensación de estar bajo control y en el buen camino.

Es así que desfilan kick off con alta producción (hoteles, catering, merchandising) para el lanzamiento del Proyecto (con un título preferentemente local para dar sensación de customización y cercanía) y un menú de acciones de capacitación, talleres con metodologías participativas, un speaker motivacional, planes de comunicación interna con mensajes estimulantes e instancias de seguimiento.

En algunos casos –los menos- funciona. En la mayoría, no. ¿Por qué?

Porque la mayoría de los retos importantes (y desplegar una Cultura de la Innovación sin dudas lo es) requiere soluciones igualmente importantes.

1. Tomar la decisión de mejorar y abocarse a hacerlo (nadie se “cura” con declaraciones voluntaristas sino con acciones concretas).
2. Una dosis importante de coraje para enfrentarse con 2 grandes retos: el pasado/presente (sobre todo si resultó razonablemente exitoso) y el futuro, que ofrece cada vez menos garantías y seguridades.
3. También es necesario trabajar con métodos que tienen un norte definido y una adaptación del despliegue apropiada para cada caso y sabiendo que la infalibilidad no existe; sí las probabilidades.

Si el malestar es pasajero, la solución también puede serla. De lo contrario, no hay que sorprenderse si luego de un tiempo estamos igual… o peor.
 
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