La violencia de género toma múltiples formas, algunas más evidentes que otras. Conocerlas y estar atentos es clave.

La primera imagen que se presenta en nuestra mente cuando pensamos en la violencia contra las mujeres seguramente incluye golpes, gritos, sangre. En definitiva, agresión física. Sin embargo, hace ya bastante tiempo que tanto la Ciencia como el Derecho han logrado detectar y tipificar diferentes modos en que este problema se manifiesta.

Por eso en Argentina la ley 26.485, sancionada en 2009, recoge esta visión amplia a la hora de establecer una definición: “Se entiende por violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”.

“Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”, añade el texto.

La violencia contra las mujeres se puede dar dentro o fuera del ámbito laboral. Existe lamentablemente un sinfín de modalidades, de muy distinta índole. Algunos ejemplos:

– Que no haya mujeres en posiciones directivas de las empresas.

– Que sea la mujer quien siempre haga las compras y cuide los hijos.

– Que la mujer no tenga su propia tarjeta de crédito o no disponga de dinero.

– Engañar para tener relaciones sexuales sin preservativo.

La violencia de género también puede ser sutil, incluso por momentos está “socialmente aceptada” y se expresa en lo que denominamos micro machismos o micro agresiones.

 ¿Qué son las micro agresiones?

Las micro agresiones son aquellas formas sutiles pero dañinas de comportamiento discriminatorio que experimentan los miembros de los grupos vulnerables. Tengámoslo presente: las actitudes sexistas, como los micro machismos, afectan y vulneran la dignidad de las mujeres.

Otra manera de expresión de micro agresiones es el  sexismo, una actitud discriminatoria que surge como resultado de suposiciones, conceptos erróneos y estereotipos que normalizan la discriminación, el maltrato y la objetivación de las personas por su sexo, género u orientación sexual.

Los micro machismos son comportamientos diarios que tanto hombres como mujeres tenemos completamente asumidos. Aunque son sutiles y de apariencia inofensiva, ponen en evidencia una desigualdad cultural entre géneros que determina de una manera implícita las actitudes que uno y otro deben adoptar.

Una de ellas es la asunción tácita de que las tareas domésticas, como la servidumbre o el cuidado del hogar y las personas que lo habitan, son inherentes al hecho de ser mujer. También la ridiculización o humillación de la mujer, la manipulación emocional, los dobles mensajes, engaños, desautorización o abusos de confianza, entre otros.

Un comportamiento muy común es acusar a una mujer de ser “una histérica” o “demasiado emocional” cuando muestra un desacuerdo en modo enérgico, algo que en un hombre sería respetado y aplaudido.

En síntesis, podemos asumir la falta de compromiso y reconocimiento de los derechos de la mujer, la división sexual del trabajo, las micro agresiones y el sexismo como características fundantes de la desigualdad entre las mujeres y los hombres. Se trata de situaciones y circunstancias que vemos con frecuencia a nuestro alrededor y que depende de nosotros y nosotras empezar a cuestionar, deslegitimar y combatir.

¿Te pareció interesante?

¡Compartilo con tus amigos!