¿Por qué se genera esta tensión entre dos aspectos que deberían ser complementarios? La necesidad de un cambio cultural y el rol de las neurociencias.

En épocas donde las expectativas de las personas y todos los actores del mercado de trabajo tienden a propiciar contextos que promuevan el bienestar de los colaboradores, de la sociedad y el medio ambiente como fuente de sustentabilidad, la seguridad de los trabajadores sigue presentando enormes desafíos.

Alguna vez Peter Drucker dijo: “La cultura se come a la estrategia en el desayuno”. Empresas que durante décadas pusieron su foco principal en la eficiencia y la productividad desarrollaron culturas donde la prioridad es producir más, más rápido y con más calidad. En esos contextos, las personas aprendieron a trabajar en pos de la productividad “ante todo”.

“No pierdas tiempo pibe, siempre lo hicimos así y nunca paso nada”, es una frase que seguramente resuena en los oídos de muchos trabajadores. Puede ser cierto, pero solo hasta el momento del incidente…

Con certificaciones internacionales en procesos seguros, operando bajo las normativas vigentes, con planes de capacitación obligatorios, auditorías, tecnología, robótica, campañas de comunicación intensivas y estructuras técnicas cercanas a la operación, hay un momento en que los indicadores se estancan, y conseguir mejoras significativas en la seguridad parece tornarse imposible.

Aun ante tanto esfuerzo, siguen existiendo accidentes graves y hasta fatalidades. Y esto ocurre en escenarios en los cuales las personas fueron entrenadas para actuar en pos de la productividad. Hablamos de una cultura que en muchas ocasiones quedó atada a esquemas donde no había tanto foco en la seguridad, situación que se acentúa en contextos donde las plantillas de empleados se ajustan más y más.

Dos miradas

Gracias a las neurociencias sabemos que, si bien las personas queremos cuidarnos, nuestra capacidad de poner foco y estar alerta al mismo tiempo presenta dificultades. Más aún si los estímulos del entorno llevan a poner más el acento en la ejecución de la tarea que en la prevención.

Desde esta mirada, podemos implementar nuevos abordajes que ayudan a cambiar el diálogo, instalando nuevas conversaciones. Basados en el conocimiento del cerebro con que se cuenta hoy en día, podemos generar el cambio cultural necesario para que cada integrante de la organización actúe de manera diferente y eso desemboque en niveles de seguridad más altos y sustentables.

Lograr ese salto cualitativo en una organización requiere planificación articulada entre los procesos técnicos, indicadores, entrenamiento, sistemas de reconocimiento (y no solo de apercibimiento) y estrategia de comunicación que permitan poco a poco instalar el cuidado de la vida como un valor dentro del modelo de liderazgo y operación.

Si hoy la seguridad está primero y no podemos evitar accidentes graves y fatalidades, la pregunta es: ¿realmente está primero?  

Desde Whalecom ayudamos a organizaciones a cambiar la mirada desde un abordaje de la gestión del cambio que incluye una mirada de neuroliderazgo para que los nuevos pasos hacia una cultura segura se realicen con raíces profundas y generen un efecto multiplicador.

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