Sin comida ni redes sociales. Cómo es el ayuno de dopamina que hacen en Silicon Valley

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Adriana Carel, directora de Learning & Development de Whalecom, y Jiwan Shakti Kaur, consultora, fueron dos de los expertos contactados por Ohlalá/La Nación para esta nota que analiza una de las nuevas tendencias en Silicon Valley: el ayuno de dopamina. Este es el link: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/sin-comida-redes-sociales-como-es-ayuno-nid2328318. Y debajo el texto completo:

Sin comida ni redes sociales. Cómo es el ayuno de dopamina que hacen en Silicon Valley

l área de la bahía de San Francisco de California donde están Apple, Facebook y Google, conocida como Silicon Valley, es famosa por siempre innovar en la búsqueda del bienestar a través de terapias alternativas. El último grito es el ayuno de dopamina.

Muchos ejecutivos de estas empresas de software toman un día al mes para desconectarse de todo estímulo y así moderar la liberación de este neurotransmisor relacionado con las motivaciones que sentimos para hacer las cosas. Partiendo de la idea de que los seres humanos nos sobreestimulamos por los “golpes” de dopamina que proveen las redes sociales, la tecnología y la comida, la invitación es bajar el interruptor.

¿Qué es la dopamina?

La dopamina es la hormona relacionada con el sueño, el humor, la atención, la regulación de la producción de la leche en las mamas, la motivación, la actividad motora y el aprendizaje. Si tuviéramos que explicar rápidamente cómo funciona, podríamos decir que es la que libera la energía para buscar lo que deseás y te infunde la alegría de ir por ello. Sostiene la ilusión del logro y te da el placer de buscarlo. Esa ilusión, casi siempre, es mayor que la satisfacción del logro en sí.

Si una acción no nos trae la recompensa que parecía incluida en la búsqueda, el cerebro lo registra como una equivocación gracias a la caída del nivel de dopamina. Este mecanismo contribuye a que podamos no repetir los mismos errores. Nos hace “sobrevivir”, que es el objetivo principal del cerebro.

Junto con la oxitocina, la serotonina y las endorfinas, podemos decir que son las cuatro hormonas conectadas con la felicidad. Lo que diferencia a la dopamina es que empieza a circular antes de alcanzar el objetivo, cuando el cerebro reconoce los signos de una recompensa futura. Por eso algunos la llaman “la hormona de la anticipación”.

En cambio, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas son hormonas del “aquí y ahora”, de la completitud y la conexión con lo que estamos viviendo, con lo que nos pasa.

El circuito de la recompensa

Cuando hablamos del circuito de la recompensa, hablamos de cómo funciona el aprendizaje humano. De cómo aprendemos desde las experiencias. De cómo perseguimos lo que nos produce sentimientos de satisfacción y bienestar. La dopamina sirve, entre otras cosas, para reforzar esas experiencias.

Hasta acá, todo bien. El asunto es que nuestra sociedad muestra cada vez más un desbalance dopaminérgico. En una realidad que siempre nos permite hacer y hacer (tenemos luz, conexión a Internet, posibilidad de consumir a cualquier hora), no tenemos límites en la liberación de dopamina. Al obtenerlas, la dopamina se apaga y ya queremos una nueva gratificación que la vuelva a encender.

Nos volvemos adictas al shopping, a los dulces, al Candy Crush, a los likes en nuestras redes sociales o incluso a alguna sustancia puntual, como el alcohol o las drogas. Casi siempre se trata de cosas que nos conectan con un estado fantasioso. No están mal en sí, el problema es que cuando abusamos de ellas, establecemos un piso de satisfacción cada vez más alto. Empezamos a necesitar cada vez más estímulos para sentirnos bien. En este estado sobreestimulado, es difícil conectarnos con el cuerpo, con lo que nos pasa, con el entorno, con el aquí y ahora que es nuestra vida.

¿En qué consiste el ayuno?

Se trata de cortar estímulos durante un día. No ingerir alimentos, desconectarse de las redes sociales y no recibir estímulos químicos. También estar en silencio. Esto es una especie de retiro o día off. Lo ideal es estar tranquilas en casa, leer, poner alguna música suave (o estar en silencio), no ver TV ni leer revistas de chismes: depurarse. Se puede ingerir agua o, también, jugos de frutas y verduras e infusiones suaves.

Se recomienda cuando estás baja de energía, cuando sentís que te falta motivación y estás procrastinando más de la cuenta. La idea es desligarnos por un día de comportamientos que -por repetitivos- ya no nos detenemos a observar. Abrir el Instagram antes de salir de la cama, comer dulces a toda hora, tomar café, gaseosas, postear (y quedar pendientes de los likes), stalkear, picotear snacks, consumir información innecesaria (en la tele o en Internet), consumir cosas que no necesitamos, etc. Podríamos pensarlo como tres ayunos:

  • Ayuno de comida: contribuye a la autofagia, uno de los secretos de la longevidad, que permite a las células limpiarse por dentro, algo que se puede lograr con ayunos intermitentes de 12 a 18 horas. También al ayunar conocemos otros aspectos de nosotras mismas. Conocemos la espera, algo poco habitual en un mundo de inmediatez. El ayuno nos permite encontrarnos de otra forma con nuestra biología y reconocer el hambre real, el hambre social y el hambre de ansiedad.
  • Ayuno digital: desconectarnos de las redes apunta directamente a la adicción al like. ¿Qué pasa si se detienen esas notificaciones? La estrategia es avisar que vamos a hacer un ayuno de redes (este se puede extender hasta una semana).
  • Ayuno de hablar: el mayor secreto del universo es el silencio. Las personas no solemos tener conciencia de su energía, frecuencia y vibración. Donde más filtramos nuestra energía es en el hablar constantemente. Está bueno explorar nuestro silencio, para entrar en estados de relajación profunda.

En este proceso, está bueno llevar un diario, donde anotemos observaciones, e incluso medir la presión y el ritmo cardíaco para identificar cómo impacta en nuestra “bioindividualidad”.

¿Qué dicen los expertos?

Nuestras expertas consultadas coinciden en señalar que el asunto no es “dopamina sí, dopamina no”, y ni siquiera cómo mantener niveles adecuados de dopamina, sino cómo mantener un estilo de vida equilibrado: comida sana, actividad física, yoga, meditación, dormir lo suficiente.

El “ayuno de dopamina” sería entonces una provocadora forma de llamar la atención en una era en la que la neurociencia está marcando tendencia. Porque el placer en sí mismo no es negativo. Lo son las motivaciones y la tipología de “placer” las que pueden ser negativas. La aprobación social, la ilusión de competencia, de tener amigos, el creer estar y poder con todo.

Algunos prefieren llamarlo “ayuno de ondas beta”, que son las ondas del alerta, para privilegiar las alpha, theta y gamma, que son las de la ensoñación, la relajación y la meditación.

Un día para tomar distancia de todo eso y observarlo suena más que sensato y saludable. Meditar, abstenerse de las redes, de la comida compensatoria, de la queja o la crítica, del hacernos daño con relaciones equivocadas, con un estilo de vida inconsistente, con la total ausencia de conexión con nuestro entorno, nosotras mismas y con lo que pasa en el mundo. .

“Yo lo probé”

Por Ceci Alemano (autora de la nota).

Normalmente uso mis domingos para desconectarme del ruido. Como liviano, leo, escribo, me hago un spa casero, limpio y ordeno la casa… Pero esta vez fui al extremo para hacer un “ayuno de dopamina”. Me desconecté de las redes sociales, me alimenté solo a jugos de frutas y verduras y me mantuve en silencio. Por lo demás, leí, escribí, medité y practiqué yoga. Montones de veces durante el día noté cómo mi dedo, casi en automático, se iba hacia el ícono de Instagram en la pantalla del celu. Noté lo irreflexivo que suele ser mi uso de redes sociales. ¿Cuántos años llevaba sin pasar un día lejos de las redes? No pude contestar esa pregunta, pero sé que muchos. Teniendo en cuenta que no es algo vital, y que puede generar ansiedad, me resultó llamativo. Por momentos sentí aburrimiento e incomodidad. Pero a medida que avanzaba la tarde, percibí cómo me concentraba cada vez más en la lectura -devoré un libro-; cómo me conectaba mejor con mi gata y cómo mi humor estaba allá arriba. Ya no necesitaba imperiosamente publicar nada, ni masticar, ni hablar: estaba en calma.

Por qué hice la experiencia. Suelo desenchufarme bastante una vez por semana, cuando estoy sin trabajo y sin hijo, para conectarme con mi escritura. Lo que quería averiguar era hasta que punto los estímulos externos interfieren en ese proceso de intimidad y de conexión. Quería ver cómo respondía el cuerpo al ayuno y qué pasaba con el silencio.

Lo que descubrí. Que es una buena decisión tener el celu en silencio, las notificaciones desactivadas, que entramos al Instagram en automático sin poder prever ni graduar la cantidad de información que nos llega. Que rellenamos los huecos con la imaginación, por lo que en general nos parece que la vida de los otros siempre es más genial. Que al tomar un día para depurar el cuerpo se vuelve notorio que el acto de comer casi nunca tiene que ver con una necesidad fisiológica . Que en un día off aumenta la concentración y la escucha de nuestra voz interior.

Expertos consultados: Inés Dates. Nuestra psicóloga. Melina Vicario. Especialista en neurolingüística y neurociencias. @labiohacker . Jiwan Shakti Kaur. Profesora y formadora de profesores de kundalini yoga, senior counselor. www.sungalaa.com . Adriana Carel. Psicóloga (UBA), certificada del posgrado en Psiconeuroinmunoendocrinología.

Por: Cecilia Alemano

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Posted on

February 5, 2020

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