Un buen líder tiene que poder liderarse a sí mismo. Y para eso, primero hay que conocerse.

Por Ramiro Barrionuevo

La certificación en el modelo i4 Neurolider que realicé el año pasado me permitió tomar conciencia de algunas cosas que debía replantearme. Entre las más evidentes puedo destacar: exceso de trabajo, de viajes y la falta de foco en mi actividad física. Detrás de esto subyacía la ausencia de una estrategia referente a mi propia manera de caminar este tiempo. Y sentí, de algún modo, que no tenía autoridad moral para hablarles a otros si no realizaba yo mismo algunos cambios. Fue esa situación la que me acercó a la idea de autoliderarme para liderar.

En este contexto tan cambiante, donde los requerimientos de todas las partes implicadas tienen muy diversos matices, es fundamental poder flexibilizar nuestra posición para adaptar el estilo personal y gestionarlos de la manera más eficiente y ecológica. Es clave en ese camino la capacidad de autoconocer nuestras propias fortalezas, limitaciones, contradicciones y ganas para poder liderar a otros.

En la mayor parte de los casos el rol de liderazgo es el resultado de un crecimiento que surge por la manera de hacer, pero no siempre es algo que uno se haya planteado como desarrollo profesional partiendo de la idea: “Quiero ser líder”. Entonces suele llegarse a la posición de liderazgo sin tener claro un objetivo de fondo, una esencia donde algo muy profundo y auténtico se hace evidencia. Es lo que da lugar a la primera de las seis preguntas guía que quiero compartir con ustedes.

1. ¿Para qué queremos ser líderes? Este es el punto clave y nodal, y deberá convertirse en una suerte de bucle al infinito en el desarrollo como líder dando razones y pilares para crecer y apoyarse. Es una cuestión identitaria que define cuáles son las cualidades desde las que queremos trascender hacia otros en el liderazgo. Esta identidad o búsqueda de respuesta sobre para qué queremos ser líderes debe estar anclada a nuestros  valores personales de manera clara y directa.

2. ¿Cómo debemos prepararnos? Es importante prepararnos física, mental y emocionalmente para asumir este rol, esta posición, este ejercicio de ser líder, ya sea para la primera vez en la posición o para reimpulsarnos luego de que transcurre cierto tiempo y aparecen las preguntas. Para eso debemos atender aspectos como alimentación, descanso, relajación y entretenimiento. Saber cuáles son los hábitos que nos brindan la energía para sostener ese tipo de trabajo, así como evitar aquellos que en repetición nos restan energía. Tenemos que lograr sobre nosotros mismos una autogestión de lo que nos ocurre para ser parte de la vorágine con fluidez y no sus víctimas.

 3. ¿Cuál es el impacto que queremos ver? La pregunta es cómo se hará evidente la presencia de aquellos valores e identidad que mencionábamos en el primer punto. Se abren en ese sentido dos abordajes. El primero es personal y responde a la pregunta “qué quiero que otros perciban en mí”. La segunda se refiere al contexto concreto de a quiénes lideramos y cuáles son las habilidades instaladas dentro del equipo, así como establecer cuál es el gap entre esas habilidades y los objetivos propuestos, para determinar qué y cómo desarrollar.

4. ¿Qué hábitos sostener como líderes? Desde lo personal, debemos  buscar cómo generar los hábitos que dan soporte a aquellos impactos. Hay que contemplar para ello los matices personales. Como líderes, por ejemplo, preguntarnos a qué aspectos de nuestra  autogestión debemos estar atentos para poder sostener hábitos de comunicación efectiva. Autoconocernos en nuestra capacidad de escucha activa, en nuestra capacidad de entender que el disenso no implica oposición, de empatizar en situaciones de tensión, de ser asequibles por otros, estar disponibles. Todo en función de poder impulsar las cosas positivas y frenar a tiempo las que no suman.

5. ¿Cómo establecer soportes a las rutinas sanas? Es indispensable generar la estructura para dar lugar a la inercia que queremos  mantener, saber cuáles son los “dispositivos” que dan espacio para que esto ocurra. Debemos introducir en la agenda aquellos espacios físicos y emocionales de conversación que posibiliten que esos hábitos se mantengan vivos. Escoger el momento adecuado para parar la pelota y hablar con la gente, para preguntar cuál es su percepción del escenario y el nivel de identificación y avance respecto de los objetivos.

6. ¿Cómo retroalimentar nuestras preguntas? La idea es hacer un espacio íntimo para nosotros  mismos y poder preguntarnos si estamos  siendo fieles a la primera respuesta que nos dimos: para qué queremos ser líderes. Cuestionarnos si somos fieles a nuestros valores, si los estamos  haciendo vivenciales de una manera transparente, si estamos siendo ecológicos con otros. Esto tiene que ver con el cierre del bucle y es clave para completar el ciclo.

Autoliderarnos, así como liderar a otros, es una experiencia que se vive paso a paso por un sendero lleno de imprevistos, climas y paisajes diversos que solo conoceremos a partir de hacer el camino. Y este es un camino donde, como en otros tantos, el fin es sostenerse en movimiento para llegar lo más lejos posible sin metas preestablecidas, siendo lo mejor que podemos ser, para que otros puedan dar su mejor versión también.

¿Te pareció interesante?

¡Compartilo con tus amigos!