Whalecom implementa en Perú un novedoso modelo de formación basado en las metodologías ágiles. ¿Cuáles son las ventajas?

La jornada de capacitación culminó. Disfrutamos de la comodidad de la sala, el coffee break fue delicioso y el instructor muy amable y didáctico. Pero… ¡cómo cuesta llevar a la práctica cotidiana los conocimientos adquiridos! En estos tiempos en que cada minuto vale oro, nos preguntamos si haber destinado uno o varios días a una actividad, con el esfuerzo que ello representa, va a redituar lo suficiente.

¿A quién no le ha sucedido? Son circunstancias que en los procesos de formación se repiten con cierta frecuencia. Para evitarlo, hemos iniciado con algunos clientes de Perú una experiencia nueva: implementar metodologías ágiles en el diseño de los programas.

Surgidas en la industria de desarrollo de software, las metodologías ágiles dejaron de lado el modelo tradicional de planificación, elaboración y entrega de un producto terminado para dar paso a un proceso de ida y vuelta con el cliente/usuario en el cual a ese producto se le va dando forma de manera conjunta en función de las necesidades, respuestas, tiempos y costos que en cada momento son adecuados.

De este modo, se optimizan los tiempos y los recursos, eliminando el riesgo de llegar a un producto final que no sea lo que lo cliente necesita y que obligue a una readecuación costosa y prolongada.

¿Qué deben aprender para ser mejores?

¿Cómo se replica esta opción en el campo de las actividades de formación y capacitación? En Perú ya estamos desarrollando exitosamente la experiencia de involucrar a los beneficiarios de los programas de formación y development en el diseño, prototipado y rediseño del propio programa.

Por ejemplo, me encuentro con un grupo de jefes de empresas de energía y les planteo: “¿Qué creen ustedes que deben aprender para ser mejores?”. Y el primer punto de la actividad es abordar ese debate para conformar el temario.

Pero esa no es la única instancia de participación que tienen, sino que una vez concluido cada punto, se vuelve a analizar en conjunto si se pasa al siguiente o si es más conveniente profundizar sobre lo visto hasta el momento. De este modo, la programación del tiempo de trabajo que resta se reformula todas las veces que sea necesario.

El resultado de esto es que al final del camino los contenidos que se vieron no son los que digitaron el consultor o el área de Recursos Humanos, sino los que los propios participantes fueron definiendo y redefiniendo vez a vez según lo que consideraron más provechoso.

En definitiva, lo diferente que proponemos es que el participante del programa de formación salga del rol de consumidor de lo que otros definieron para convertirse en definidor de su propio proceso de desarrollo. Así se logran diseños mucho más a medida, una capacidad de respuesta mucho más inmediata, mayores niveles de involucramiento y, por ende, de compromiso, y un mejor aprovechamiento de la inversión.

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